"Caseta 666"




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Un anciano de bata raída y diminutas lentes en equilibrio inestable sobre la punta de su nariz regentaba la caseta 666 en la feria del libro, un fotograma discordante de toda la hilera de puestos que jalonaban el Retiro de Madrid, una tesela en blanco y negro desgajada de un anticuario de otro tiempo. Rafael se detuvo. El silencio y la soledad se amontonaban en los libros, todos idénticos, sin filigranas ni títulos. Solo uno, expuesto sobre un atril oxidado, mostraba una leyenda inquietante en su portada: “La sabiduría tiene un coste”. Sus dedos se detuvieron, acariciaron su piel de zapa, su barbilla se levantó hacia el anticuario para preguntar el precio.
¡Llévatelo! Sabrás su coste cuando lo hayas terminado sentenció el anciano sin necesidad de mover los labios. Rafael se dio la vuelta y se alejó sorteando personajes silenciosos que se habían congelado a su alrededor. Llegó a su casa y se sentó en su sillón favorito. Nunca volvió a levantarse. Leyó con avidez todas las disciplinas conocidas por el hombre, pero sus ojos hidrópicos multiplicaron exponencial sus ansias de saberlo todo cortándole poco a poco la respiración.

Primer premio el 15.06.2019 en el V concurso Eprizes (modalidad "Audio")

"Bailando bajo el agua"


 Cruzaron la carretera para descender a la playa. Terminada la pasarela de madera, la silla comenzó a trazar dos profundas cicatrices en la arena. La luna, seductora y solemne, tendió su puente de plata irresistible sobre el agua. No tardarían mucho en recorrerlo, llegar al horizonte, allí donde se guardan los secretos, las promesas, los sueños y todos los silencios del mar.
 ─Madre, ¿las sirenas tienen alma? ¿Tendremos escamas?
Las olas se tragaron sus palabras. Respondió un suspiro.
─¿Podré volver a bailar? Dicen que las sirenas pueden hacerlo durante trescientos años, antes de convertirse en espuma.
La madre renovó su esfuerzo para evitar que las ruedas se hincaran todavía más en la arena. La luna flotaba en el horizonte con sonrisa de hielo. El agua estaba fría. Las olas mezclaron su esperma con guijarros y esperanzas en una burla incansable de querencias y desprecios. Cada vez era más costoso seguir avanzando hasta que, finalmente, exhausta, rindió su empeño. Se tumbó sobre la arena y rompió a llorar. En silencio, mirando la carretera que remonta el acantilado donde, una mañana de resaca, se le cerraron los ojos unas décimas de segundo.

Accésit en el III Certamen de Microrrelatos Roquetas de Mar 2019.

"Matices verdes"









El tren penetra con lascivia en el aire tibio de la mañana. Me siento en dirección a la marcha porque prefiero sentir de cara todo el provenir que se adivina por la ventana. Una joven, sentada frente a mí, roza ocasionalmente mis rodillas. Mantiene los ojos cerrados y la cabeza apoyada en los cristales. Parece no interesarle nada el extraordinario paisaje que nos estaban regalando en la ventanilla. La sombra de los vagones juega a la comba en la cuneta con la catenaria y la planicie gira sobre sí misma difuminando los colores. La joven vuelve a rozarme. Dormita indiferente. Podía enamorarme de la serenidad de aquellos labios, de aquellas cejas perfiladas con una perfección absoluta. Me pregunté por el color de sus ojos. Unos ojos insensibles que parecían desdeñar el mundo exterior. Probablemente azules y fríos como el hielo, tal vez negros como su pelo negro, o verdes como los campos de trigo que acariciaban los cristales. Quise despertarla, que viera mi corazón entregado, que mirara el mundo repleto de color y de sueños, que me explicara el motivo de aquellas dos lágrimas indecisas que asomaban en sus ojos todavía cerrados. Miré nuevamente los campos de trigo, trigo verde como la albahaca verde que, poco a poco, fue tiñéndose de matices que me habían pasado desapercibidos hasta entonces. La joven se levantó de pronto, me enseño su espalda y, antes de dejar de existir para siempre, se alejó lentamente tanteando el pasillo con su bastón telescópico.

Finalista .el 17.05.2019 en el certamen "La belleza como arte de vivir", organizado por la Diócesis de Córdoba. Próximamente verá la luz en papel.