"Higía"



“Y la farmacia cumplió 40 años”, pero su olor parecía provenir de una época donde se pierden todos los recuerdos. Entrar allí, ver las urnas de porcelana presidir los estantes y encontrarse con los ojos de su boticaria, rompía todos los sentidos. La belleza de aquella mujer de infinitos nombres había enloquecido al mismísimo Adán, inspirado a Leonardo con sus proporciones áureas, arrebatado a Paris su reino, a Salomón la cordura, a Sansón la fuerza y a Herodes la conciencia. Los siglos no pasaban por su cuerpo. Cierto día, descubrí su secreto. Penetré en la trastienda con mi reparto diario y la sorprendí mudando su piel de serpiente, retorciéndose como una contorsionista para tatuar en su espalda una copa misteriosa.



Primer premio en "La farmacia de toda la vida" (V edición), con la primera frase obligada. 


"El Refugio"







Pozo Calero respondió con una bocanada de grisú cuando le hicieron daño en las entrañas. Se cerraron las minas y el abandono combó lentamente los techados. Barruelo comenzó a morirse. No jugaban al bote y al chorro morro, pero él había encontrado un rincón privilegiado para disfrutar del mundo a su antojo. Podía ver ejecutivos de ojos tristes, adúlteros de mirada esquiva, parejas acariciarse con manos de alfarero y seres diminutos agitando sus miserias. Pasaba los días como un omnipotente voyeur, hasta que se apagaban las luces de la librería y el escaparate reflejaba nuevamente la realidad que necesitaba cambiar.

Seleccionado en el VIII Certamen internacional de relatos cortos en torno a san Isidro - 2019 Convocado por el Ayuntamiento de Saldaña.

"Mar de Arena"






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Un baobab solitario extendió sus ramas sobre el horizonte encendido. Nela no pudo verlo. Cerró sus ojos enormes y se sentó en el suelo. Abrazó sus piernas y levantó la barbilla para sentir todo el olor de la sabana. Sharik se acercó hasta ella y dejó resbalar su espalda por la pared de adobe. Se sentó a su lado. «Hola, Nela». «Hola, Sharik. ¿Te irás mañana?» «Sí, al amanecer». «Tengo miedo, Sharik. Hay un infierno sanguinario más allá de Agadez, un mar de arena más cruel que el mismo Mediterráneo. Devora caravanas y cuerpos con una frialdad insaciable». El silencio se tragó sus palabras, un silencio cómplice, intenso y prolongado que les obligó a buscarse, abrazarse, acariciarse con frenesí. La noche, poco a poco, apagó el incendio del horizonte y el de sus propios cuerpos. Nela decidió entonces abrir sus ojos blancos, aunque nada cambió cuando lo hizo. Estaba acostumbrada a la oscuridad. «Sharik, ¿hay muchas estrellas?» «Dicen que más de cien mil millones, Nela, pero eso es porque no tienen en cuenta las que cubren nuestro cielo. Cuando regrese de España la nube blanca de tus ojos será solamente un recuerdo. Podremos contarlas juntos».

El frío y la oscuridad se hicieron dueños de la manyatta. Una vaca restregaba su enorme cabezota contra las cañas de la choza y ellos dejaron que se incendiaran otra vez sus cuerpos de barro.
Finalista en el VII concurso internacional "Casa África"