jueves, 9 de marzo de 2017

"Fidelidad"


Unos cuantos muebles apuntalando la puerta de la entrada, serían suficientes para que sus hijos no pudieran traspasarla. No estaba dispuesto a soportar, otra vez, las monsergas y cantinelas de los últimos días. Tres cartuchos sobre la mesa y la escopeta de caza entre las piernas, le daban el punto de seguridad que le faltaba. Vladimir la levanta, la dobla, la carga. El sol de la tarde desplaza lentamente la ventana dibujada en el suelo, mientras sus ojos recorren la estancia intentando recuperar algunos recuerdos. A sus pies, indiferente, Lassie parece dormir.
Hace ya varios días que está demasiado extraño, renqueante, silencioso. Se niega a salir de paseo y, cuando lo hace, tiene que llevarlo prácticamente a rastras. Aun así, Vladimir, no comprende por qué pretenden llevárselo. «Paaadre, en la Protectora tendrá especialistas, no se preocupe». «¡Especialistas! Mi Lassie no necesita especialistas; solo quiere un rincón, una escudilla, alguna caricia que otra, y escuchar de vez en cuando mi voz. Tendrían que verlo cómo levanta las orejas y ladea de un lado a otro la cabeza cuando le leo mis cuentos. Nunca supo de letras, es cierto, pero tiene unos ojos redondos y negros que parecen entenderlo todo».
Vladimir encara su escopeta. Un fogonazo, un estallido. El aire se llena de pólvora y el reloj de cuco interrumpe bruscamente el anuncio de las horas. Aquel maldito pajarraco se había empeñado en marcarle, también él, el ritmo de su tiempo. Todos quieren gobernarlo, pero Vladimir está dispuesto a emplear la contundencia que sea necesaria. La detonación golpea repetidamente su cabeza, atraviesa sus oídos, resbala por las vetas del papel mugriento de las paredes y desaparece, mansamente, por la ventana dibujada en el suelo. Lassie, tumbado a sus pies, no parece inmutarse.
«Paaadre, no le dejarán tenerlo en la Residencia». «¡Dichosa residencia! Lo que pretenden es confundirme; me cansan sus voces; me cansa su tono pueril; no soporto esos aires prepotentes y, sobre todo, que no sean capaces de decirme a las claras si están hablando realmente de mí o de Lassie, de la Protectora o de la Residencia. Lo que sí sé, y de eso estoy seguro, es que yo no le haría eso a mi perro… pero claro, ellos nunca sabrán lo que duele separarse de un ser querido».
 «Tiene que quitarle la correeea, padre». «¡La correa, la correa! ¡Qué sabrán ellos! Lo que llaman correa es en realidad un cordón umbilical, pero nunca sabrán distinguirlo. Jamás han visto tres palmos más allá de sus narices. ¡La correa! Mi Lassie siempre ha vivido así y no puede vivir de otra forma porque dice que demasiada libertad le desorienta. Pero ellos no pueden entender esas cosas porque… porque llevan muy poco tiempo casados. Ya lo aprenderán, ya».
Desde la montonera de muebles que le separan del mundo, el gran espejo del aparador le mira con sus ojos fríos e impertinentes. Él le mantiene la mirada. Es un espejo insensible y alcahuete; defectuoso sin duda, porque se empeña en devolverle la realidad cada vez más distorsionada. Vladimir dibuja un rictus de desprecio en su labio superior y, sin echarse la escopeta a la cara, lo hace saltar en mil pedazos. El aire se llena nuevamente de pólvora, el suelo de cristales, y el eco… el eco vuelve a golpear las paredes y resbalar hasta desaparecer otra vez, por la ventana del suelo.

Vladimir está harto de tanta confabulación y mentira. Hasta los espejos ignoran ya lo que significa la palabra fidelidad. Su Lassie podría decir cuatro cosas al respecto, pero está tan extraño… tendido, indolente, con un olor desagradable desde hace varios días, sin levantar las orejas, sin ladear la cabeza… diríase que no se entera nada, que está en otro mundo. Vladimir busca entonces sus ojos redondos y negros, y solo encuentra dos cuencas vacías. Una gota de sudor resbala por su frente. Una lágrima, por su mejilla. Suspira. Abre la escopeta. Los cañones dejan al descubierto sus dos almas también vacías. Introduce lentamente el cartucho que le queda con toda la sensualidad y ceremonia que puede. No tiene prisa. Nadie parece estar cerca de su mundo. Sujeta la escopeta verticalmente entre las piernas. El mentón apoyado en el reverso de sus manos; sus manos taponando la boca de los cañones. Espera. Las sombras no tardarán en tragarse la ventana dibujada en el suelo y el eco rebotará como loco sin encontrar la salida.

Este relato ha sido premiado con el 2º puesto en el II Certámen literario Universidad Popular de Almansa

domingo, 8 de enero de 2017

"Mi Carta"



“Queridos Reyes Magos”, a estas alturas, vamos a ser claros: yo prometo portarme mejor, pero vosotros me tenéis que traer una dentadura nueva.


Ganador semanal en Radio Castellón. Ver enlace aquí. 
Había que incluir la frase entrecomillada.

sábado, 24 de diciembre de 2016

"Caos"

1º Premio XIV concurso Sol Cultural
Juan Carlos Albillo Pozo

Un amanecer plomizo cuando se despertó su mujer le tenía la cena preparada se puso el pijama y se fue al hospital como un autómata con un ramo de las flores  porque le gustaban todos los caminos llevan al cementerio al final con su ropa arrugada zapatillas de andar por casa cabizbajo como un espectro sin alma recordando los días en que su mujer lo acompañaba todavía masticando soledad se cruzaba con una muchedumbre silenciosa que caminaba en todas las direcciones buscando algún sentido el autobús pasaría sin detenerse el accidente volvió sobre sus pasos abrió el portal llamó al ascensor y pagó el billete cómo está su esposa caballero guardó la vuelta las dos cincuenta es buena hora para recogerse quitarse el pijama acostarse cerrar los ojos e intentar ordenar un poco el caos en que se había convertido su vida.
Al día siguiente, otro amanecer idéntico.

Seleccionado el 19.12.16 en el IX certamen de Sol Cultural para su publicación junto a otros 21 relatos. (Se presentaron 355). El relato tenía que inspirarse en la fotografía.

lunes, 19 de diciembre de 2016

"Ida y Vuelta"



El tren arranca. Un anciano se ha sentado de espaldas para seguir absorto en sus recuerdos. Yo prefiero mirar hacia delante, ansioso por afrontar mi destino. Los vagones penetran en el aire con un murmullo acompasado y lujurioso; gritan, resoplan, chuflan, traquetean, pregonan a los cuatro vientos la vida que llevan en las entrañas y proyectan en los cristales ecografías y esperanzas…
El anciano me mira. Sonríe. Me confunde. Parece adivinar mis pensamientos. Vuelve luego sus ojos cansados hacia la ventanilla y deja que la sombra de la catenaria se lleve arrastras, por la cuneta, su memoria y su sonrisa. 



Finalista en Wonderland el 17.12.2016 

domingo, 27 de noviembre de 2016

"Coma y Punto"




No puedo soportar ni un solo día más tu desgarrador silencio; la eterna noche que ha velado tus párpados; la soledad de mi sillón y tu cama; las estúpidas flores que adornan la ventana; el olor a cloroformo; las bolsas de lágrimas que penetran, gota a gota, por tus venas en dosis de quinientos mililitros; esas batas blancas que justifican su torpeza con cínicas esperanzas; las visitas que disimulan su ignorancia con una religión de conveniencia; el ritmo metálico de monitores y pantallas prestando la frialdad de sus latidos… Sin embargo, estoy segura de que sabrás entenderlo. Será muy rápido.


Finalista en Wonderland el 26.11.2016

domingo, 20 de noviembre de 2016

"Mi Pinacoteca"


Breda pone todo su entusiasmo debajo de las sábanas mientras yo contemplo, absorto, el rojo sol de la tarde poner un toque impresionista al exagerado realismo de la ventana. Enfrente, el espejo roto de la cómoda, intenta reproducirlo al más puro estilo cubista. 
Breda parece una ninfa de Rubens. Viene a mi estudio, posa para mí, e intenta luego convencerme, a su manera, de la excelencia de sus virtudes barrocas. Me desespera su poco romanticismo, y mientras yo sigo buscando, absorto, figuras imposibles en el puntillismo del gotelé, noto cómo Breda rinde su entusiasmo ante un bodegón de naturaleza muerta.


FINALISTA EN WONDERLAND EL 19.11.2016

sábado, 12 de noviembre de 2016

"La Scuola"

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Ojos de azufre dentro de su capucha.
«No tengas miedo, hijo mío, escucha la llamada de Dios».
Uñas curvas que acarician su pelo.
«Ayúdame, madre, yo no quiero cantar en el coro».
Una voz cavernosa.
«Síguenos, guardaremos para siempre tu voz diamantina».
Despunta el alba y un cielo de plata recorta la silueta de la abadía.
«Bebe, hijo mío, este brebaje te ayudará».
Cae sobre una mesa de mármol. El monje descubre sus genitales, los palpa, venda, retuerce, saja, y un alarido sublime corona la cúspide de un pentagrama mientras se atiplan las voces angelicales del resto de los “castrati”.


Finalista en Wonderland el 12.11.2016



sábado, 29 de octubre de 2016

"Gritos"



Tus gritos me hicieron retroceder cuarenta años, cuando me mandabas a comprar morcillas al matadero. Los gorrinos se agitaban en un rincón, hasta que el matarife hincaba su gancho con un golpe seco por debajo de la quijada y los arrastraba hasta la mesa del sacrificio. Sus guarridos rompían mis tímpanos. Camino a casa, la tentación era inevitable, me comía buena parte de las morcillas todavía calientes. Luego vendrían las palizas y mis gritos. Y ahora… ahora vuelven los gritos de los guarros, y los míos y los tuyos crepitando entre las llamas y que, por fin, he sabido arrancarte.


Finalista en Wonderland el 29.10.2016

domingo, 16 de octubre de 2016

"El monje"



Dicen que esta tierra no necesita molinos de viento, porque tiene gigantes de verdad. Dicen también, que tiene brujas y leyendas donde la imaginación se desborda sin esfuerzo. Dicen que, cuando sopla el cierzo, se guarda un silencio sepulcral hasta que dejan de temblar los espantabrujas. Dicen que las campanas de la catedral de Huesca tañen de una forma especial y que no sirve de nada colocar el chapitel de su campanario descabezado. Dicen que la ciudad entera se esconde porque han visto a la sombra de un monje recorrer El Coso, y rondar el parque Miguel Servet cercenando rosas. 

Finalista en septiembre 2016 en Fundación Agustín Serrate (Concurso de relatos Arcadia: "La ciudad se esconde")

sábado, 8 de octubre de 2016

"Formateo"



Hizo añicos el espejo de la cómoda, coleccionista compulsivo de tantos arrumacos, tantos sueños, tantos desvelos, promesas y lujuria. Después, rompió el gran espejo del salón, confidente del primer contacto y de las primeras miradas cómplices. Destrozó también el del recibidor, repleto de adioses, sonrisas y esperanzas. El del lavabo, atiborrado de sospechas y secretos, de soledad, de miserias y lágrimas. Buscó luego el espejo del bolso y se lo echó a la cara; humedeció sus labios, torció de un lado a otro la cabeza sin dejar de mirarse y lo estampó contra el suelo. Inspiró. Salió a la calle.


Finalista en Wonderland el 08.10.2016

domingo, 25 de septiembre de 2016

"La Quimera del Oro"



El entrenador lo cogió por la cintura y lo colgó de la barra con la sequedad de un matarife. El estadio guardó silencio. Eran las cinco en punto de la tarde cuando Benito empezó a girar vertiginosamente como las manecillas de un reloj dislocado. Cuando llegó la suelta, aquel Ícaro obstinado voló tanto como sus sueños. Fue un salto mortal casi perfecto, pero un crujido chascó su espalda. Ahora, con las dos piernas dormidas para siempre, sueña cada noche con cambiar su medalla de oro por un salto mortal de verdad, de los que solo se pueden realizar una vez.


Finalista en Wonderland, el 24.09.2016

miércoles, 21 de septiembre de 2016

"Suspiros y Fanfarrias"


En el número quince de la CALLE Soledad guardo mi particular fantasma. Es un caserón rancio donde el tiempo se detuvo un día de hace muchos, muchos años, cuando DIOS decidió terminar aquella página, hizo crecer dos cipreses en el patio y cubrió de hiedra las paredes. Hoy he querido detenerme. La puerta chirría como tienen que chirriar todas las puertas que esconden fantasmas y secretos. Los recuerdos se agazapan. El baúl de los caracoles, la lechuza disecada con el destino escrito en sus ojos de cristal abiertos para siempre, la soga de anea colgando en el pajar, los tebeos del Jabato, la radio de silicio…


Eran las cinco de la tarde cuando la Cadena Ser lanzaba su fanfarria y mi madre se refugiaba en su novela, su calceta y sus suspiros. Y así fue como conocimos al hombre de la radio y cómo el hombre de la radio se instaló en nuestras vidas. Venía con cierta regularidad, me sacaba unas cuantas monedas de la oreja y me pedía que me fuera un par de horas a gastarlas. Pero, un mal día, mi padre enfermó por aquellos extraños champiñones, y mi madre sonrió y preparó un hatillo y vino el hombre de la radio y se encerraron y discutieron y el hombre de la radio se marchó… se marchó para siempre. Mi madre cambió entonces su calceta por aquellas terribles trenzas de anea, y se quedó esperando en el pajar con los ojos muy abiertos… para siempre.



Este relato ha sido seleccionado para su publicación por la Asociación Hijos del Santo Reino, con motivo de la I convocatoria de su certamen, y donde mi relato "Hijos del Mar", también obtuvo el 9º puesto

"Hijos del mar"


Sacha recupera el anzuelo de un solo envite desgarrando el cielo de su boca. Mira entonces sus ojos redondos y fríos… y calla. El mar responde con un quejido sordo que estremece la quilla del minúsculo bote. La muerte coletea en la cubierta y Dios se hace un poco más presente. Sacha levanta la cabeza. Algunas luciérnagas salpican la franja de tierra perdida en el horizonte mientras el sol extiende sobre el agua su atardecer de sangre. Aquellos ojos de plata, fríos, burlones y vengativos, sacuden la quilla de su memoria y le devuelven el recuerdo de su hijo Fakid, que un día se lo tragaran las olas. También entonces el aire se desgarró con un quejido sordo y eterno. Sacha duda, tiembla. Devuelve entonces al agua todas sus culpas y aparejos y rema apresuradamente hacia la costa. Las luces se han multiplicado. Encalla el bote, salta a la arena, y se sienta para llorar durante cuarenta días y cuarenta noches. Espera. El mar no sería capaz de contener tantas lágrimas, saltaría el malecón y le devolvería, en su crecida, el cuerpo de su hijo. Pero Sacha no sabe que su hijo es tan solo una gota insignificante perdida en el océano. Ignora que el mar no es más que un alcabalero insaciable, acostumbrado a demasiados cayucos, batallas, cadáveres y lágrimas. Desconoce que el mar es un monstruo que no conoce el perdón ni acepta jamás intercambios.

Este relato ha obtenido el 9º puesto en el I Certamen que convoca la Asociación Cultural Hijos del Santo Reino (Jaén).


domingo, 18 de septiembre de 2016

"Mantis conquense"



Dicen que había nacido en la mismísima Ciudad Encantada de Cuenca y que su piel despedía hechizos y sortilegios irresistibles. Dicen que era extraordinariamente atractiva, con una serenidad mística y engañosa en su rostro, y que todos perdían la cabeza por ella. Dicen que lo había conseguido a fuerza de trabajo, oración y silencio, porque era extremadamente religiosa. Solía postrarse cuatro veces al día, ora hacia la Meca, ora hacia su ciudad natal, para rezar las acostumbradas letanías y jaculatorias, y cuando sentía una rigidez, sospechosa e inevitable, acercarse por su espalda, miraba de soslayo y lanzaba una enigmática sonrisa.


Finalista en Wonderland el 17.09.2016


domingo, 31 de julio de 2016

"Polvo Lunar"



Onán se sentía solo en su planeta, pero no estaba especialmente preocupado porque, ya desde chico, sus playmobil le habían enseñado a superar la velocidad de la luz. La ciencia estaba llena de errores, y Onán sabía que, un científico torpe y excéntrico, iba a lastrar a la humanidad durante milenios, al pasar por alto que había algo infinitamente más rápido que la luz: la imaginación. Porque la imaginación solo necesita tener la información precisa del destino y los simuladores necesarios para controlar la percepción sensorial.

Claro que no, la distancia no era ningún problema para Onán. Solo necesitaba vencer aquella terrible indecisión.

Un quásar, rutilante y majestuoso, brillaba delante de él, con dos enooormes agujeros negros en su mismo centro. Allí estaba el remedio de su soledad. Un pequeño impulso sería suficiente. Quince años de preparación en la NASA y tres carreras, le capacitaban sobradamente para salvar los quince metros escasos que mediría la sala del restaurante.

Sin embargo, su imaginación colisionó estrepitosamente con la luna del escaparate, dos asteroides, tres botellas, cinco mesas y un marido. Fue entonces cuando decidió regresar sigilosamente a su planeta, y jurarse autosuficiencia en cuestiones de amor.


Por los siglos de los siglos.


Relato con mención especial en ENTC (convocatoria de abril de 2016)