20240217

"Réquiem por Federico"

He decidido dar más contenido a mi canal en YouTube. Intentaré subir regularmente algún poema propio y de otros autores. Empezaré dando presencia a mis dos grandes amores: Rafael de León y Federico. 


Si alguien quiere disfrutar de verdad, debería quedarse en el enlace que indico seguidamente, donde una magistral Lola Flores utiliza su arte para enterrar a cualquiera.

https://www.youtube.com/watch?v=olnLuhhCewI


https://youtu.be/V0wp-37HJNw?si=wrtOHPw-d6XgwlYB
En la parte superior de esta página hay también una pestaña para acceder a YouTube y escuchar mi versión al completo.

20240119

"Historias de amor y muerte"



Lo pasamos bien con estos tres relatos dramatizados:
Frida
Pulpos en capilla
Pentecostés.

20231219

"Quimeras de oropel"

 

Por casualidad, he visto que la Fundación Montemadrid ha publicado un relato mío en su calendario del 2024. Yo finalista en su V edición (Certamen Carmen Alborch) y sin saberlo. Hala, un Cartier y el mes de julio enteritos para mí.

Eran las cinco de la tarde, las cinco en punto de la tarde cuando su entrenador lo cogió por la cintura y lo colgó de la barra con la sequedad de un matarife. Enmudeció la grada, se detuvieron los relojes. Luka Dimitrov comenzó a girar vertiginosamente como las manecillas de un reloj dislocado, en busca del oro olímpico, en busca del vórtice donde remansan los sueños. Hubo un síncope en todas las gargantas, en los pulmones, en las pantallas. El tiempo desapareció de las muñecas. Luka siguió girando y girando sin encontrar el momento de la suelta, cada vez más rápido, sediento, insaciable, con el hambre que da la juventud. Ícaro obstinado, sobrepasó nubes y estrellas en busca de la eternidad que le estaba esperando en el centro de la gloria. Un vuelo limpio, definitivo, sin retorno. Un salto mortal de los que solo se pueden realizar una vez, una sola vez si se hace con la perfección que lo hizo Luka Dimitrov.

20231212

"Sangre de Corsario"


Las aguas se llenaron de sangre. Solo ante la muerte, solo ante aquel monstruo abominable de siete cabezas que había destrozado su nave. ¡Ja!, sería una lucha histórica, magnífica. Sus playmobil flotaban muertos a la deriva cuando entró la madre, se arrodilló frente a él y enarboló jabón y esponja.

Premio del públicoCertamen de Escritores en Rivas del 11.12.2023, condicionado a inspirarse en la foto con 50 palabras de límite.

20231202

"Ángeles y Gárgolas"

PRIMER PREMIO III CERTAMEN LITERARIO DE POESÍA - ALBORAYA

Mochilas desgranadas

Un quejido se retuerce

en un rincón de la calle.

Parece viento.

Un viento despiadado y frío

que arrastra los recuerdos

con su lengua impenitente.

Queda su mochila en la calle.

Las farolas llenan los charcos

con luz de mercurio.

Insiste el viento.

Una gabardina sin rostro

se le acerca, le susurra.

Huele a tabaco, chocolate y cieno.

Se han borrado las rayuelas

dibujadas en el suelo.

Rueda solitario un tejo.

Su inmenso paraguas

le ofrece el cielo,

le cobija, le acaricia,

se hace hospitalario.

Un lamento se retuerce,

parece viento.

Su mano adormecida

entre los dedos.

Quizás no haya cielo al otro lado

de aquella bóveda oscura.

Llueve.

No puede llorar, pero llueve.

Quizás esa gabardina sin rostro,

esa gabardina que huele

a tabaco y cieno

no pertenezca a su abuelo.

 

Ángeles de piedra

Las iglesias están repletas

de ángeles malditos,

gárgolas, quimeras y grifos

condenados para siempre

por perder la custodia de sus niños.

Hay un ángel que tiene prisa,

mucha prisa, poco tiempo.

Rebelde a su fatal destino,

se encarama en azoteas,

se detiene en los aleros,

escudriña inútilmente

los rincones de la gran ciudad.

Llueve, llora, hace frío.

Sus lágrimas son carámbanos

colgando en las cornisas.

Puñales que atraviesan

el dolor de su descuido,

el dolor de su conciencia.

Tiene prisa, poco tiempo.

Muy pronto sus alas serán de piedra.

La ciudad tiene demasiados gritos,

brazos implorando ayuda.

Los suyos se confunden

en osarios olvidados

bajo la ácida lluvia

que empapa el asfalto.

El ángel de la guarda

se detiene exhausto

sobre su propia espalda.

Retuerce el gesto y

acepta resignado

su eternidad de piedra.

Rueda una lágrima sobre

un siniestro paraguas negro.