jueves, 19 de julio de 2018

"Sueños de Grisú"


Mi tía Bárbara se había muerto hacía muchos años atragantada con un suspiro. La inspiración absorbió todo el aire de alrededor, cuadros, muebles y todos los recuerdos apelmazados en las paredes, que no siguieron con su flujo natural y no encontraron después la salida. Se había sumergido en una interminable duda existencial de seguir o no seguir, expirar o no expirar. En el pueblo, estábamos todos expectantes. «No son buenas tiempos para las mujeres», solía decirme cuando aún respiraba con normalidad y los suspiros tenían una cadencia natural.
Siempre he vivido con ella. A veces he llegado a pensar que nunca tuve padres biológicos, aunque tampoco me hubiera importado, porque supongo que no es más madre la que te alumbra que aquella que te amamanta, y con tía Bárbara he tenido los mejores cuidados que se pueden soñar. Me ha dedicado su vida. «No quedan hombres para mí», decía para justificar su soltería, y se refugiaba una y otra vez en su huerto, en su calceta y en aquellas interminables radionovelas de la cadena SER. Creo que fue entonces cuando empezó a suspirar y lo hizo una y otra vez de forma compulsiva hasta que se le hizo crónico y se le quedaron unas tetas enormes.
Vive en su vieja casa del barrio Helechar y de vez en cuando me acerco a visitarla para llevarle algo de comida y comprobar si ha recuperado el ritmo de su respiración, pero… no. Sigue igual que siempre, inmóvil, sin decir ni mu, acurrucada en su vieja silla de paja. Ya no hace calceta, ni trabaja el huerto, ni escucha Ama Rosa o el consultorio de la señorita Francis. Ya no escucha aquella fanfarria entrañable que llenaba las paredes de sueños y la dejaba participar, efímeramente, en las otras vidas que hay más allá de los huertos y las bocaminas. Ya no.
Han cambiado mucho las cosas. Sobre todo, desde aquel fatídico día que encontraron a su hermana en el corral con los ojos muy abiertos y moviéndose como un péndulo a capricho del viento. Sí señor... han cambiado mucho las cosas. La calceta ha dejado su lugar a unas interminables y misteriosas trenzas de anea que teje y desteje de una forma compulsiva, según le anuncio mi regreso o le digo que tengo que irme a gestionar algo a la capital. «Alguna vez también tú te iras para siempre ─me decía─, pero no te preocupes, cada cual tiene su destino, y el Libre Albedrío es una falacia que se ha olvidado de esta tierra». No sé… había una tristeza tan grande en sus palabras... Lo que sí sé, es que me iba siempre con un miedo terrible a que terminara sus cuerdas antes de que yo regresara. ¡Aquellas malditas cuerdas!
Hubo un tiempo, cuando todavía suspiraba con fluidez, que quiso contarme sus escapadas a la Pedriza para coger avellanas. «Tú no te acerques demasiado al Puente del Oso ─me dijo entre suspiros─, que tienes suficientes más abajo y no serías el primero en llevarte una sorpresa desagradable. Justino, el de la Pancracia, desapareció un día que se acercó por allí para buscar leña. Solo encontraron algunos jirones ensangrentados de su gabán», y volvió a refugiarse en destejer sus trenzas y digerir recuerdos.
Mi tía se sabía todas la historias del pueblo. «Todas son reales», me repetía mirándome con recelo. «No hay lugar para cuentos ni leyendas en un pueblo como este. Aquí, guaje, la vida es demasiado cruda y pisa demasiado fuerte. Una vez, siendo yo muy chica, me corté con un cristal en el río, cuando estábamos cogiendo renacuajos junto al puente que cruza hasta el barrio de la Leche. Patato me pidió que pintara con mi sangre su espada de madera, y entonces nos encontramos con la muerte. Si, guaje, con la muerte. Fue mi primera vez. Su cuerpo flotaba en las negras aguas del sumidero que hay en el recodo del río, junto al lavadero. Aguas negras como el carbón, como el alma de las minas, como la piel negra de los mineros, como las lágrimas negras que vierten todas las mujeres en esta tierra. Algunos podrán decirte que era el cadáver de Justino, pero no te lo creas. Era otro, porque aquí ronda la Parca con demasiada frecuencia. A Justino se lo zampó enterito un oso corriente arriba, cerca de Brañosera, donde las aguas todavía no se han vuelto rojas por tanto hierro y tanta sangre», sentenció para terminar completando otro de sus interminables suspiros y continuar con el siguiente. «Aquí la muerte se siente levantando apenas la barbilla, guaje. Mientras nosotros jugábamos al “chorro morro” en la plazoleta del viejo cuartel, o al “pito”, o al “bote”, alguien vino a enseñarnos, muy deprisa, el juego de la “muerte corrida”. Mientras nos bañábamos desnudos en las pozas, nos íbamos a saltar huertas o asar patatas a la Peña del Arco, una jaula metálica enterraba todos los días cientos de ilusiones con la esperanza de que el maldito monstruo que habita en las entrañas de la tierra no reclamara su tributo. Sí, guaje, aquí, la muerte, solo avisa con un pequeño destello azul en los candiles».
¡Cómo me gustaba escucharla! Mi tía Bárbara sabía tantas cosas a pesar de no haber aprendido nunca a leer... Yo podía contar los años de los árboles por los anillos de su tronco y puedo asegurar que ella tendría no menos de ochocientos, a juzgar por las arrugas de su cara y por todo lo que sabía. «Tus abuelos nos habían enseñado a convertir la nieve en hielo para que hiciéramos resbaladizos y pudiéramos vivir nuestra infancia muy deprisa, antes de que los monstruos de la montaña reclamaran carne fresca ─concluyó».
Cierto día, antes de salir de viaje hacia Palencia, le pregunté por mis padres y me contestó con el mayor suspiro que le había escuchado jamás. «No son buenas tierras para nosotras ─me dijo─, y jamás te atrevas a juzgar a mi hermana, ¿me oyes? ¡Jamás! ¡Tu madre era la mejor persona del mundo!»
No quise preguntarle más, pero era evidente que ahí estaba el punto más sensible de sus recuerdos y el que le provocaba la mayor parte de los suspiros. «Y tu padre…, ¡ay, tu padre…!, era el mejor picador de toda la comarca ─me dijo en otro arranque de inspiración, sin poder disimular un brillo especial en sus ojos─, el más fuerte, el más rápido, el más guapo… Hasta quince tajos lograba en cada jornada, cuando todos sus compañeros apenas llegaban a siete». En ese instante, no me pasó desapercibido cómo las palabras tropezaban en su boca cuando hablaba de él y cómo su corazón le levantaba la camisa. «A mi hermana nunca le dejaron trabajar en la mina, pero hacía equipo con él en los concursos de entibación del Paseo de los Árboles. Era de armas tomar, y no pocos premios que se llevaron. Sin embargo, no estaba con él el día del derrumbe. No lo estaba… y eso terminó con ella, no pudo superarlo. No te atrevas jamás a reprocharle nada, ¿te enteras? La taxidermia se convirtió entonces en su medio de supervivencia, pero tuvo que dejarlo. Las ardillas, águilas y cárabos que “resucitaba”, le provocaban demasiadas pesadillas. Tampoco triunfó con la costura ni con la tienda de mantas que puso nada más pasar la fuente Moragas…» Bárbara volvió entonces a refugiarse en su silencio y sus malditas trenzas. A veces creo que quería morirse del todo, pero no le dejaban los recuerdos porque nunca supo digerirlos.

«No, que no son buenos tiempos ─me decía─. ¿Qué puede hacer una mujer en una tierra como esta cuando le falta su hombre, cuando ya no tiene que seguir esperando su regreso con el alma encogida, cuando tiene la certeza de que nunca más regresará porque se lo ha llevado el maldito grisú y ella no estaba allí para impedirlo? ¿Qué puede hacer una mujer cuando a Dios se le ha olvidado dibujar en su paisaje el horizonte? No te atrevas a reprocharle nada, ¿me oyes?, que no son buenas tierras ni buenos tiempos para nosotras».
Ese fue el último suspiro que pudimos escucharle, el que se le quedó atragantado en su memoria, el que nos tiene a todo el pueblo expectantes.

Este relato ha obtenido el tercer premio en el III Certamen Internacional sobre la minería en Barruelo de Santullán.
http://cimbarruelo.blogspot.com/2018/07/fallo-del-iii-certamen-internacional-de.html

domingo, 10 de junio de 2018

"Chirimiri"













Todo empezó con un gesto inocente de una mano sacudiendo el aire, después un reproche azucarado, otro amargo, una mirada de vidrio por encima del hombro, un desdén inapreciable, otro abierto y ofensivo... Y poco a poco empezó a llover. Minúsculas gotas que nos empaparon sin darnos cuenta, muy despacio, de puntillas. Resbalaron por nuestra frente, se detuvieron en nuestra cara para buscar un nuevo surco y se colgaron de la comisura de nuestros labios para disolver las sonrisas. Penetraron luego por la boca, nos anudaron la garganta y se precipitaron por un laberinto de silencios hasta anegar los sueños. Y después siguieron los relámpagos y los truenos que resquebrajaron el horizonte.


Primer premio XLIX Certamen Literario Albaricoque de Oro

viernes, 1 de junio de 2018

"El cenicero"

Ahora soy esa chica que nunca me dejaste ser. Por fin puedo recuperar la sonrisa y desconectar el GPS que me colocaste al conocernos. ¡Ah!, y escucha: Pienso volver a fumar. Empezaré con diez cartones de un tirón, para ir sacudiendo los cigarrillos en la urna que guarda tus cenizas.


Ganador semanal el 01.06.2018
Frase obligada: "...ahora soy esa chica..." y menos de 50 palabras

sábado, 5 de mayo de 2018

"Ojos verdes"



Me dijo que me odiaba, pero cada gesto la estaba delatando. Era evidente que mentía. Lo supe por aquel esquivarme la mirada, por mirar hacia arriba y a la izquierda, el taparse la boca y la nariz… Además, con aquellos ojos verdes… Mentía como un bellaco.


Ganador semanal el 04.05.2018 en Radio Castellón, Cadena Ser. Frase obligada "...cada gesto..." y 50 palabras máximo.

domingo, 29 de abril de 2018

"La Academia"


Sacó de la bocamanga las uñas para acariciar su pelo ensortijado. «Sígueme, pequeño», le dijo, y Miguel lo hizo con un pequeño trotecillo. «Están esperando», sentenció con su voz de soprano. Se detuvieron. El director del casting lo acarició nuevamente y le ofreció un brebaje. «Bebe, esto te ayudará». Bebió. Su voluntad abandonó su cuerpo y se refugió en el rincón opuesto del estudio mientras se tumbaba mecánicamente sobre una mesa de mármol. Alguien descubrió lentamente sus genitales, los palpó, vendó, retorció y sajó de un solo envite. Un alarido sublime coronó la cúspide de un pentagrama. El director sonrió.


Finalista en Wonderland, el 28.04.2018

martes, 24 de abril de 2018

"Recurso de apelación"


Nos echaron del huerto con un tono poco elegante, Señoría, con una mano delante y otra detrás para sujetar las dos hojas de parra que apenas aguantaron los rigores del primer otoño. Honestamente, creemos que la pena no se ajusta a los principios de proporcionalidad. No hubo fuerza ni violencia, no hubo traición ni embozo, nocturnidad ni escalo. No hubo siquiera premeditación y su valor no superaba, ni con mucho, los cuatrocientos euros. Estamos por tanto ante un simple delito leve de hurto. Hacernos caminar por este desierto de lágrimas y muerte, resulta una pena desmesurada cuando menos. Las pruebas aportadas se obtuvieron violando los derechos elementales de intimidad y privacidad. Si añadimos además la opacidad de las advertencias y que no se ha probado debidamente la propiedad del manzano, consideramos de justicia la nulidad de la sentencia y el sobreseimiento del expediente.
Gracia que esperamos merecer de su clemencia.



Seleccionado en el mes de abril por la Mutualidad de la Abogacía.
Palabras obligadas: Caminar, elegante, intimidad, traición y expediente, con un máximo de 150 palabras.

lunes, 16 de abril de 2018

"Bola de sebo"





Dos horas de carcajadas y empujones se habían convertido en una humillación sin fin. «¡Venga, gordo, que los tienes delante!» Escuché un golpe seco y un líquido viscoso me salpicó la cara. Al principio no supe si eran botijos, cabezas o piñatas, pero con los ojos vendados, ¿quién podría culparme?



Ganador semanal el 13.04.2018 en Castellón Radio. Frase obligada "una humillación sin fin..."

jueves, 5 de abril de 2018

"Don Luis"












 https://photos.app.goo.gl/1nBB6deeuUKxzLZF2


Mi novia era suave al tacto y bien formada. De risa suelta y creo, además, que era bastante alta. Nos conocimos y tratamos siempre sentados, en el reservado de una venta, donde el ardor de mi juventud, al amparo de la oscuridad, pretendió varias veces doblegar su resistencia. Sin embargo, el magma de mis labios no pudo con la frialdad de sus dientes ni con la estrechez de sus piernas apretadas. Forcejeamos; larga e intensamente, pero resultaba un duelo desigual porque su frialdad era tan intensa que se me antojaba… de otro mundo. Estuve a punto de dejar allí la vitalidad de mis veinte años convertida en hielo y privar a la historia de mis hazañas y conquistas posteriores. Cansado de aquella penumbra, de su risa floja y de que mi lengua tropezara siempre con la barrera gélida de sus dientes, acerqué una palmatoria a su rostro para poder verle la cara. Recorrió entonces mi cuerpo la sensación de un hierro candente sumergido en un barreño de agua fría. Me levanté de un salto. Yo pensaba poner una muesca más en el puño de mi espada y creo que fue ella la que casi, casi, la puso en su guadaña.





Finalista en "La Redonda te Cuenta". Relato escenificado por La compañía Hilo en el teatro La Redonda. Lema: "Los duelos".

jueves, 22 de marzo de 2018

"Mi vecina Breda"



La realidad se le hizo intermitente cuando abrió los ojos y los volvió a cerrar. Estaba terriblemente cansado y Morfeo vino a poner un poco de color en su vida y convertirle en un pintor de renombre. El cielo, rojo sangre, había puesto un toque impresionista en el exagerado realismo de la ventana. El espejo de la cómoda, roto en mil pedazos, se empeñaba en reproducirlo al más puro estilo cubista, y Breda acababa de rendir su entusiasmo debajo de sus sábanas buscando lanzas imposibles en un bodegón de naturaleza muerta. Breda era una ninfa que, diríase salida de un cuadro de Rubens, y se había pasado para ofrecerle su exuberancia barroca, pero Manolo estaba muy cansado y tenía todo su romanticismo hecho grumos en el puntillismo del gotelé. Se despertó sobresaltado. Eran la nueve de la mañana y había quedado con la vecina del quinto para pintarle la casa.


Primer premio el 20.03.2018 en el certamen "Escritores de Rivas", sujeto al lema "Soñando".

domingo, 28 de enero de 2018

"La Custodia"













La furgoneta de su padre no estaba mal, pero el R8 de su madre con 230 caballos relinchando nada más abrir la puerta, era otra cosa. Resultaba gracioso ver cómo se disputaban su cariño, especialmente ahora, cuando estaba a punto de cumplir los doce y su opinión podría tener importancia. No se podía comparar la Play S4 de su madre con el futbolín trasnochado de su padre, pero con la mala racha del pobre, tendría que darle otra oportunidad. A ver con los Reyes. Y lo del Mediador Familiar, sin problemas. Sabía de sobra que estaba loco por sus trenzas.


Finalista en Wonderland el 27.01.2018

"Dietas y tentaciones"













Al igual que Ulises, se ató al palo mayor en un momento de cordura. ¡Dios, cómo le dolía el alma cuando empezaron los susurros y las olas agitaron el cascarón de su cuerpo, cuando aquel perfume le atravesó de parte a parte y convirtió su vello en un bosque de falos enloquecidos! Maldijo aquel primer momento de cordura y el momento en que abandonó la consulta con los ojos de la dietista clavados en su espalda. Súbitamente, detuvo su enorme cuerpo tan hambriento, tan sin voluntad, dobló cuidadosamente la cordura en una silla del pasillo y entró en la consulta.

Finalista en Wonderland el 27.01.2018 

miércoles, 17 de enero de 2018

"Gusanos"


https://photos.app.goo.gl/MQdC4Zm6oKWijRde2



"Gusanos", finalista el 15.01.2018 en el certamen de Escritores de Rivas "Escríbeme una foto"
El relato debía estar inspirado en la foto con un máximo de 150 palabras.


domingo, 31 de diciembre de 2017

"Relatos y retablos"



─Después de 97 relatos, 14 días de 25 horas invertidos, y 60 GB consumidas, fue cuando me di cuenta que era invisible.
─No desesperes, Chirinos.
–Tú eres cristiano viejo, Chanfalla, y donde no te llega la vista te alcanza la fe. Yo, sin embargo, empiezo a dudarlo. Por cierto, ¿qué será de ellos?
–¡Quién sabe! Esperarán mejores vientos.

–¡Ojalá que no, Chanfalla!, que el viento es el principal culpable del olvido. ¡menos mal que este oficio tiene otros consuelos

Ganador semanal en Radio Castellón el 29.12.2017. La oración obligada era la subrayada.