20231202

"Ángeles y Gárgolas"

PRIMER PREMIO III CERTAMEN LITERARIO DE POESÍA - ALBORAYA

Mochilas desgranadas

Un quejido se retuerce

en un rincón de la calle.

Parece viento.

Un viento despiadado y frío

que arrastra los recuerdos

con su lengua impenitente.

Queda su mochila en la calle.

Las farolas llenan los charcos

con luz de mercurio.

Insiste el viento.

Una gabardina sin rostro

se le acerca, le susurra.

Huele a tabaco, chocolate y cieno.

Se han borrado las rayuelas

dibujadas en el suelo.

Rueda solitario un tejo.

Su inmenso paraguas

le ofrece el cielo,

le cobija, le acaricia,

se hace hospitalario.

Un lamento se retuerce,

parece viento.

Su mano adormecida

entre los dedos.

Quizás no haya cielo al otro lado

de aquella bóveda oscura.

Llueve.

No puede llorar, pero llueve.

Quizás esa gabardina sin rostro,

esa gabardina que huele

a tabaco y cieno

no pertenezca a su abuelo.

 

Ángeles de piedra

Las iglesias están repletas

de ángeles malditos,

gárgolas, quimeras y grifos

condenados para siempre

por perder la custodia de sus niños.

Hay un ángel que tiene prisa,

mucha prisa, poco tiempo.

Rebelde a su fatal destino,

se encarama en azoteas,

se detiene en los aleros,

escudriña inútilmente

los rincones de la gran ciudad.

Llueve, llora, hace frío.

Sus lágrimas son carámbanos

colgando en las cornisas.

Puñales que atraviesan

el dolor de su descuido,

el dolor de su conciencia.

Tiene prisa, poco tiempo.

Muy pronto sus alas serán de piedra.

La ciudad tiene demasiados gritos,

brazos implorando ayuda.

Los suyos se confunden

en osarios olvidados

bajo la ácida lluvia

que empapa el asfalto.

El ángel de la guarda

se detiene exhausto

sobre su propia espalda.

Retuerce el gesto y

acepta resignado

su eternidad de piedra.

Rueda una lágrima sobre

un siniestro paraguas negro.

 

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