"El botín de Lady Marian"


El Fantasma surgió inesperadamente de la niebla, desplegó la sonrisa de su calavera y todo el horizonte se vistió del color de la muerte. La Isabela estaba perdida. Henry, el pirata más temido de todos los mares se encaramó en el espolón y lanzó su primera andanada de codicia contra la popa del galeón español. Un catalejo de latón y un ojo de cristal cruzaron destellos en el aire. La Isabela no tendría tiempo de levantar las portas de sus troneras. Sus cuarenta cañones eran inútiles contra la velocidad endiablada de aquel bergantín y sus veinte miserables culebrinas. Henry levantó su mentón y enfocó a la presa. Sin embargo, una sombra, una duda, un recuerdo, le hicieron humillar la mirada. Lady Marian, más bella que nunca, paseaba por la cubierta con su diminuto parasol sin demostrar miedo alguno, como si estuviese deseando el abordaje lo antes posible. Henry cerró su único ojo, arrió la sonrisa de su calavera y viró a barlovento. Siempre había sido un botín demasiado grande para su pierna de palo.

Para Zenda/Ruritania, concurso de "Aventuras".
FINALISTA (16.05.2019)

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