"Mar de Arena"






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Un baobab solitario extendió sus ramas sobre el horizonte encendido. Nela no pudo verlo. Cerró sus ojos enormes y se sentó en el suelo. Abrazó sus piernas y levantó la barbilla para sentir todo el olor de la sabana. Sharik se acercó hasta ella y dejó resbalar su espalda por la pared de adobe. Se sentó a su lado. «Hola, Nela». «Hola, Sharik. ¿Te irás mañana?» «Sí, al amanecer». «Tengo miedo, Sharik. Hay un infierno sanguinario más allá de Agadez, un mar de arena más cruel que el mismo Mediterráneo. Devora caravanas y cuerpos con una frialdad insaciable». El silencio se tragó sus palabras, un silencio cómplice, intenso y prolongado que les obligó a buscarse, abrazarse, acariciarse con frenesí. La noche, poco a poco, apagó el incendio del horizonte y el de sus propios cuerpos. Nela decidió entonces abrir sus ojos blancos, aunque nada cambió cuando lo hizo. Estaba acostumbrada a la oscuridad. «Sharik, ¿hay muchas estrellas?» «Dicen que más de cien mil millones, Nela, pero eso es porque no tienen en cuenta las que cubren nuestro cielo. Cuando regrese de España la nube blanca de tus ojos será solamente un recuerdo. Podremos contarlas juntos».

El frío y la oscuridad se hicieron dueños de la manyatta. Una vaca restregaba su enorme cabezota contra las cañas de la choza y ellos dejaron que se incendiaran otra vez sus cuerpos de barro.
Finalista en el VII concurso internacional "Casa África"

2 comentarios:

Yolanda dijo...

Qué maravilla! Me alegran tus éxitos, siempre es bueno ver cómo se hace justicia.
Un abrazo.

lsj dijo...

Muchas gracias, Yolanda, y gracias por pararte en este pequeño rincón.