domingo, 31 de julio de 2016

"Polvo Lunar"



Onán se sentía solo en su planeta, pero no estaba especialmente preocupado porque, ya desde chico, sus playmobil le habían enseñado a superar la velocidad de la luz. La ciencia estaba llena de errores, y Onán sabía que, un científico torpe y excéntrico, iba a lastrar a la humanidad durante milenios, al pasar por alto que había algo infinitamente más rápido que la luz: la imaginación. Porque la imaginación solo necesita tener la información precisa del destino y los simuladores necesarios para controlar la percepción sensorial.

Claro que no, la distancia no era ningún problema para Onán. Solo necesitaba vencer aquella terrible indecisión.

Un quásar, rutilante y majestuoso, brillaba delante de él, con dos enooormes agujeros negros en su mismo centro. Allí estaba el remedio de su soledad. Un pequeño impulso sería suficiente. Quince años de preparación en la NASA y tres carreras, le capacitaban sobradamente para salvar los quince metros escasos que mediría la sala del restaurante.

Sin embargo, su imaginación colisionó estrepitosamente con la luna del escaparate, dos asteroides, tres botellas, cinco mesas y un marido. Fue entonces cuando decidió regresar sigilosamente a su planeta, y jurarse autosuficiencia en cuestiones de amor.


Por los siglos de los siglos.


Relato con mención especial en ENTC (convocatoria de abril de 2016)


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