domingo, 16 de noviembre de 2014

"Las botellas de Barakaldo"

Ilustración de Rosa Iglesias
No pudieron reventar la maldita botella contra el casco. Era de Barakaldo, y buenos son los vascos con sus caldos y su vidrio templado. Después de 113 intentos, el capitán Concordia pidió que se la entregaran. La tentó, midió, sopesó, descorchó y la vació de un solo trago. Dibujó un gesto de aprobación y sugirió que hicieran un simulacro con el ancla. El Titánic quedó bautizado.

Capitán y buque eructaron al mismo tiempo y 59.000 caballos se hicieron a la mar sin reparar en los daños del casco. El capitán pidió unas botellas de Barakaldo para analizarlas debidamente, y después de recitar 114 veces la canción del pirata encaramado al espolón, decidió retirarse a meditar. Abrió los grifos de la bañera, se zambulló y se quedó dormido.

El mismísimo Poseidón, a bordo del Olympic, arremetió en singular batalla contra el Titánic y estampó sus enormes ojos de buey en la pared del camarote. El capitán Concordia abrió los suyos y le resultó imposible mantenerle la mirada.

Se dice que le vieron saltar al mar en pelota picada. Se dice también que la nave se hundió porque no cerraron los grifos del camarote 115, se dice que fue por
aquellas botellas…



Para: ENTC
Requisitíos < 200 palabras. Tema "Camarote 115 del Titánic"

2 comentarios:

  1. ¡Qué bueno Luis, me ha encantado tu particular visión sobre lo que aconteció! Ese puntito cómico con los de Barakaldo, la canción del pirata... que se contraponen con la dureza del hecho en sí. Destacaría la imagen de los ojos de Poseidón contra los del capitán Concordia, me parece que tiene muchísima fuerza.
    Lo dicho, Luis. Muy bueno. A ver si catas podio.
    Besicos

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  2. Tu debes ser de por allí, ¿no, Izaskun? Tu micro de este mes sí que se lo merece. Todavía estoy asimilándolo, y yo creo que el título es un broche tan hecho a la medida... Este mes he leído micros muy buenos en ENTC, pero en su estilo, el tuyo es el mejor. Luego hay otros de fantasía, de humor, y todo lo que quieras, pero tanto peso, plasticidad, carga emotiva y bien narrado como el tuyo, creo que ninguno. Sin peloteo, ¡eh?, que me encanta leerte y te prodigas poco, vamos.
    Bsss

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